miércoles, 26 de junio de 2013

ME VOY A MORIR



ME VOY A MORIR


EL EPITAFIO QUE NUNCA SE ESCRIBIRÁ


Que nadie se asuste. Es una realidad.

Más tarde o más temprano, sucederá. A Ud. lector, también.


Me pregunto por qué tenemos los seres humanos tanto temor a perder la vida?

No seré yo quien lo responda, pero es una sensación que nos acongoja a todos en mayor o menor grado.


Si lo consideramos como un paso más de la vida, el temor se desvanece un poco. No ha de ser tan difícil; además en general, no está en nuestra mano resolverlo. Ni tan siquiera sufrirlo si somos previsores.


Salvo que pensemos en un suicidio, como ha sucedido infinidad de veces y que es una práctica poco recomendable, más o menos como tomar la justicia por tu mano...

Sabemos que esto lo ha realizado mucha gente importante; personalidades y también gente como Ud. y yo. Simples mortales. Tal vez haya que tener un grandísimo valor para acometerlo.


Pero analicemos: la palabra mortales significaría que lo somos. Finitos. Y que algún día dejaremos de estar vivos. Que nuestra vida no es eterna y que más tarde o temprano dejaremos de estar. 

Además pensemos: ¿ para qué querríamos vivir hasta los 150 años, en las condiciones que
llegan esos centenarios japoneses o de cualquier otro lado, con rostros parecidos al cuadro de Munch “El Grito”, que no oyen, no reconocen a su familia, en fin…como plantas que además, y con perdón, molestan?. Más allá del record Guiness, no sirven para nada. 

Los centenarios son tan irrelevantes como una figura en una procesión de Semana Santa…Se la ve una vez por año, se llora a veces al verla o se la contempla con curiosidad, pero nadie se quedaría a vivir con ella. O tal vez, si. La cofradía, pero esa gente es diferente...

Pero volviendo a la muerte, si pudiéramos elegir, cuál elegiría Ud. como su final si pudiera? En mi caso, tengo pedido que no me mantengan “enchufado” a medios artificiales, más allá de lo prudente. Porque nuestra muerte no debe interferir la vida de los que queremos. No se los debe molestar si los queremos. No debemos ser una carga.


Estamos de paso. Esto debe estar claro. No nos pertenece ni nuestra vida ni la de los que queremos. Esto un simple transcurrir, que debemos hacerlo con cierta alegría, con elegancia, con honestidad y decisión pero con mesura y prudencia. Una vez que dejamos de ser autosuficientes para ser dependientes nos convertimos en un estorbo y no veo demasiado motivo para comprometer a la pareja, a los hijos o a las nueras o yernos. 

Deberíamos ser más prácticos. Cuando la lucha contra la enfermedad sea estéril, darnos cuenta que se acabó, que no hay más. Irnos y si no podemos expresarnos, dejar dicho que es nuestra voluntad (yo lo hice ya hace bastante tiempo). Y que quien corresponda (hijos, pareja) tome la decisión. Será una buena manera de irse.


El concepto de eternidad es absolutamente filosófico y poco tiene de práctico. 
Para mí, lo que tiene de importante en el paso por la vida, es el recuerdo que dejemos. No lo material. Digo nuestro ejemplo como forma de vida. El esfuerzo que hicimos para afianzar la pareja, la educación de los hijos y por ser honestos. 

Si eso queda en el recuerdo de quienes quisimos y quienes nos quisieron, ya está. Para mi… es más que suficiente.


No quiero tumbas ni cementerios (un anacronismo), pero tengo pensado el epitafio que nunca se pondrá.

Sería éste: “hizo lo que pudo”.

NOTA: este post quedó... de muerte...!


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